El pan nuestro de cada día

1 marzo, 2019
Fotografía:

“Por el bien de todos, primero los pobres”

Andrés Manuel López Obrador

 

 

Hace algunos días, la fundación internacional “Changing Markets”, una organización sin fines de lucro que se encarga de exponer “prácticas corporativas irresponsables” publicó un estudio sobre la calidad nutricional de las harinas en México.

El resultado desde luego fue catastrófico: de 61 marcas de harina evaluadas, solamente 4 cumplieron con los requerimientos nutricionales exigidos por ley en nuestro país desde el año 2000 (Changing Markets, 2018).

La razón es simple, el gobierno mexicano ha omitido su obligación legal de supervisar y comprobar la calidad alimenticia de los productos destinados para el consumo humano. Lo que es más, la esfera gubernamental permite la autorregulación de las empresas encargadas de producir o importar las harinas.

Harinas de baja o nula calidad son utilizadas para la elaboración de gran cantidad  de consumibles, entre los que podemos contar el pan dulce, pan de barra y las tortillas de harina, entre muchos otros.

La noticia es triste y preocupante, puesto que en nuestro país más de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza. De ese grupo, 24 millones sufren “carencias por acceso a la alimentación” (CONEVAL, 2016).

¿Acaso el gobierno mexicano no vincula el bajo rendimiento escolar con la grave deficiencia alimentaria en madres y sus hijos e hijas? ¿De verdad han puesto primero a los pobres por el bien de todos?

Para nuestra mala fortuna, el gobierno federal solamente puede ver a los pobres de manera clientelar. Hasta ahora, al igual que con otros grupos, la única forma que tienen las dependencias federales para asimilar la pobreza es convirtiéndola en una masa política que asegure su permanencia en el poder.

En México cada año nacen 1.5 millones de niños y niñas (INEGI, 2018). De estos bebés, sabemos que al menos la mitad son hijos de madres que viven en condiciones de vulnerabilidad. Madres que carecen de una alimentación saludable, donde la gran mayoría de ellas son jóvenes con edades entre los 15 y 19 años; muy seguramente no recibieron una dotación adecuada de hierro y yodo durante la gestación.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, durante el embarazo de toda mujer es elemental el consumo de alimentos con “micronutrientes que contengan hierro y ácido fólico” (OMS, 2018). Esos son justamente los nutrientes que los fabricantes e importadores de harinas en México, omiten agregar.

Para este organismo internacional, una alimentación adecuada en los primeros 1000 días de vida (desde la gestación y hasta los dos años), es primordial para garantizar un sano “desarrollo cognitivo y físico”.

Una ingesta deficiente de nutrientes en las mujeres embarazadas, puede reducir la “capacidad productiva” y aumentar el riesgo de “enfermedades degenerativas como la diabetes” en sus menores hijos (OMS, 2018).

Sumando los factores, es un hecho que en México alrededor de 750 mil bebés nacen cada año con bajo peso, anemia y deficiencias cognitivas y físicas. Esto afecta su desarrollo psicomotriz, educativo y emocional, lo que les impedirá tener una vida digna y saludable.

Desde luego, el asunto no termina con los primeros dos años de vida, pues la más reciente encuesta del Instituto Nacional de Salud Pública señala que  el  “32% de los menores de 5 años presentan algún tipo de mal nutrición como desnutrición, sobrepeso y obesidad” (ENSANUT 2018).

¿Cómo se espera que niños con anemia y deficiencias cognitivas obtengan los aprendizajes esperados? ¿En qué cabeza cabe que alumnos con bajos niveles de hierro y otros nutrientes, desarrollen competencias y adquieran las habilidades mínimas para un eficiente desempeño académico?

De acuerdo con la prueba PISA de la OCDE, en México existe una variación del 11% en el rendimiento de la evaluación de “ciencias”, el cual se atribuye a “diferencias en estatus socio-económico entre los estudiantes” (OCDE, 2015).

En concordancia con la misma evaluación, el bajo rendimiento académico se mantuvo entre los años 2006 y 2015: menos del 1% de los estudiantes mexicanos lograron “alcanzar niveles de competencia” excelentes en áreas como lectura, matemáticas y ciencias (OCDE, 2015).

De revertirse esta tendencia, habremos de encontrar que a mayor cantidad de nutrientes, habrá mayor rendimiento académico. De no hacer nada, permanecerá el bajo rendimiento escolar de los alumnos mexicanos. Vale la pena considerar un cambio.

Para finalizar, conforme al estudio de la fundación “Changing Markets”, las únicas marcas que pasaron la prueba nutricional fueron: Selecta, Sol De Oro, Río Lerma y Golden Hill.

Marcas nacionales como Minsa, La Perla, Tres Estrellas, Hoja de Plata, Maseca y Maizza no están agregando hierro ni otros micro-nutrientes “en suficiente cantidad”. Bob’s Red Mill y Le 5 Stagioni (harinas importadas) “no están fortificadas en absoluto”. Algunas de estas marcas son distribuidas a la población vulnerable vía Diconsa y los DIF de los gobiernos estatales.

 

Carlos Iván González Ibarra

Periodista e Historiador

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