El Conacyt y la mafia de la ciencia

15 febrero, 2019
Fotografía:

“Hay toda una campaña y es importante ventilarlo, están molestos algunos del Conacyt,

hay mafias en todo, hasta en la ciencia”. AMLO

 

 

Una raya más al tigre. Ahora el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) adolece de la política mediocre del “me canso ganso” que más bien debiese llamarse “se me cansó el ganso”.

La realidad de fondo es que la gran mayoría de los militantes de MORENA, partido político que hoy está en el poder, no cumplen con el perfil requerido para estar al frente del gobierno.

La verdad incómoda es que con buenas intenciones no se puede sostener un país, mucho menos, si lo que se busca es cumplirle a la ciudadanía.

En la gestión “morenista” de la política científica los infortunios han sido varios, inclusive desde antes de que tomara posesión en su actual puesto, la Dra. María Elena Álvarez Buyllá-Roces. Revisemos los antecedentes de su accidentada administración.

A finales de septiembre del año pasado, la reconocida científica, envió una carta al entonces director del Conacyt, el Dr. Enrique Cabrero, solicitándole que suspendiera “toda convocatoria abierta dentro del Conacyt que (pudiese) afectar y comprometer recursos presupuestales para ejercicios 2019 y subsecuentes” (sic).

En aquel momento y mediante un comunicado, el CONACYT le contestó a la académica, que las convocatorias seguirían adelante “con base en la normatividad vigente”. Puesto que “su cancelación significaría una afectación a derechos de terceros e implicaría faltas administrativas” (CONACYT, 2018).

La solicitud de suspender las convocatorias era solo una pequeña muestra de lo que ya se veía venir: un gobierno irresponsable que retira y cancela recursos públicos, sin antes prever la afectación a los derechos de terceros, como el caso de niños y niñas que ahora mismo se están quedando sin estancias infantiles.

Como medida de descarga ante la ofensa recibida, el 17 de enero del presente año, la Dra. Álvarez señaló a la anterior dirección del CONACYT, por “haber beneficiado con más de 50 mil millones de pesos a empresas trasnacionales” (La Jornada, 2019).

Intentando generar indignación en la comunidad científica, la directora mencionó también que no le extrañaba “que año con año hubiera una gran cantidad de colegas en la UNAM y en otros centros públicos de investigación que…se quedaban sin un recurso mínimo suficiente para poder continuar (con) sus carreras”.

La realidad es que dicho beneficio se trata de un programa que aún hoy existe y que se llama “Estímulo Fiscal a la Investigación y Desarrollo de Tecnología” (EFIDT). Dicho proyecto opera en el esquema de estímulos fiscales, es decir, como un crédito fiscal que permite a inversionistas privados, deducir impuestos si invierten en investigación científica y tecnológica.

El 21 de enero, a través de un comunicado, el CONACYT anunció que la nueva directora no ocuparía la oficina de su antecesor, revelando además que el anterior director “contaba con una cocina y un chef de planta en su oficina, así como una terraza roof garden de acceso exclusivo a una élite del organismo”.

Las “filtraciones” tuvieron como objetivo desviar la atención pública de la significativa disminución del presupuesto para el CONACYT. En 2018, el organismo autónomo contó con 26 mil 963 millones de pesos, pasando a solo 24 mil 664 millones de pesos en este año, sufriendo una disminución presupuestaria del 10.93% con respecto al año anterior y faltando a la promesa de este gobierno de no disminuir el presupuesto en Ciencia y Tecnología.

Tal parece que la gestión pública no es el punto fuerte de la también académica de la UNAM. Su paso al frente del CONACYT se ha visto manchado por la presencia de tres funcionarios morenistas que muy seguramente estaban “recomendados”, pero que lamentablemente no cumplían con el perfil deseado.

Tales funcionarios son:

1.- David Alexir Ledesma, estudiante de tercer semestre de comunicación y quien hasta el jueves 14 de febrero se desempeñaba como subdirector de la Coordinación de Comunicación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

El joven debió renunciar a su puesto entre demandas de la comunidad científica y comunicados que lo defendían  del uso de “elementos estigmatizantes” (CONACYT, 2018).

2.- Edith Arrieta Meza, licenciada en diseño de modas por la Universidad Jannette Klein en la CDMX y quien fue elegida para ocupar la subdirección de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM).

La ahora famosa modista también tuvo que renunciar ante la presión pública, pues era evidente su falta de preparación para el puesto que desempeñaba.

También en su caso el CONACYT emitió un comunicado señalando que la exfuncionaria “provenía de una familia campesina de Milpa Alta”, en donde había adquirido “conocimientos tradicionales sobre los maíces nativos de México” (CONACYT, 2018).

3.- María Chávez García, quien aún hoy se desempeña como Secretaria Administrativa del fondo sectorial Conacyt-Sener. La aún funcionaria solo cuenta con estudios de secundaria terminada y entre su experiencia previa está la de haber sido diputada federal y “demostradora en la empresa Vicky Form” (Sistema de Información Legislativa, 2019).

Aunque el CONACYT ya se ha deslindado de la contratación de la Sra. Chávez Garcia, asegurando que su asignación fue por parte de la Secretaría de Energía; lo cierto es que a este gobierno no le ha preocupado mucho guardar las formas y exigirse una conducta profesional y seria.

La forma en que MORENA ha venido gestionando la política científica del país en estos primeros 90 días, ha dejado en claro que estamos ante un gobierno que no cree en las instituciones y que pondera el pago de favores por encima del bien público.

Ante este panorama, ¿cómo podemos esperar que el CONACYT cumpla con su misión “de impulsar la modernización tecnológica del país” cuando desestima la exigencia de perfiles profesionales acordes con las funciones?

 

Carlos Iván González Ibarra

Periodista e Historiador.

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