No se si reír, llorar o ponerme a rezar

23 febrero, 2019
Fotografía:

“No podemos nosotros aceptar un gobierno militarista”

Andrés Manuel López Obrador en 2010

 

 

¿Qué pasa con AMLO? Es bizarro el actuar de nuestro presidente. Sus primeras acciones de gobierno han sido contradictorias y completamente opuestas al proyecto de nación que por años proclamó. Tal parece que no hay político que pueda mantener sus promesas de campaña, menos cuando se le miente a la gente para obtener votos.

Es muy bien sabido por todos, que la construcción del conocimiento debe generarse en sentido positivo. Traigo a colación lo anterior ya que por meses hemos escuchado el mismo estribillo: “no les voy a fallar”.

Quizás esa construcción negativa del discurso, que ha utilizado en los últimos años el hoy presidente, nos ayude a entender cómo es que hace precisamente lo contrario de lo que se espera.

Aunque por años AMLO criticó la intención de gobiernos anteriores de otorgar una ley que amparase la actuación del ejército en las calles, de manera extraña, en la actualidad es un ferviente defensor del ejército en labores policiacas y no en los cuarteles como él mismo prometió.

Aunque durante su campaña afirmó que el país necesitaba “serenarse” e incluso promovió la idea “abrazos no balazos”, al día de hoy ya patrullan en nuestra ciudad, como en otras del país, elementos de la policía militar.

Desde luego lo hacen fuera de la ley, sin normatividad, ni reglamentos publicados, poniendo en riesgo no solo a la población, sino a la misma tropa que solo obedece órdenes. Una vez más, este gobierno hace evidente su falta de respeto a las instituciones que juró defender.

Como historiador, me veo en la obligación moral de analizar la perspectiva historiográfica y social, bajo la cual funcionan el presidente y su gabinete, aunque no hay uno sino más bien muchos errores en su visión de la Historia de México. Revisemos:

1.- En su discurso inaugural en el zócalo de la Ciudad de México , el 1ro de diciembre pasado, López Obrador afirmó que toda la papelería oficial llevaría “el lema de Emiliano Zapata: Tierra y Libertad”.

Increíble tal aberración en su primer discurso como presidente: Zapata jamás pronunció esa frase. Aunque no hay mucho de qué sorprenderse si sus asesores en Historia son nada más y nada menos que los señores Pedro Salmerón y Paco Ignacio Taibo II, un par de pillos y seudo académicos que hoy están a cargo del INEHRM y del Fondo de Cultura Económica.

El error en adjudicarle al caudillo tal frase, se debe a que el pintor mexicano Diego Rivera, dibujó a Zapata sosteniendo la bandera que durante años promulgaron los hermanos Flores Magón en sus escritos: “Tierra y Libertad”.

La frase finalmente no apareció en la papelería oficial y se colocó sólo un mote que dice “2019, Año del Caudillo Del Sur, Emiliano Zapata Salazar”.

2.- Los análisis historiográficos del presidente están errados, él solo admite la existencia de personajes históricos “buenos” o “malos”, entendiendo a los primeros como los “liberales” y a los segundos como los “conservadores”.

Desde luego, él mismo se asume heredero de esa corriente liberal de mediados del siglo XIX, sin prever que estamos ya en pleno siglo XXI.

Es muy probable también, que el tabasqueño nunca se haya enterado, que la corriente liberal fue impuesta en América Latina, bajo el auspicio imperialista de los países hegemónicos de la época.

Es hasta cierto punto comprensible que una persona reacia de espíritu y hasta cierto punto necia, como lo es AMLO, se rehuse a entender que la Historia es más compleja que un simple cuento de héroes y villanos.

Desafortunadamente su visión de México no admite claroscuros, ni mucho menos realidades complejas, en las que podrían caber un sin fin de perspectivas y verdades varias.

3.- Uso de personajes históricos disímbolos en el emblema del gobierno federal. La sola imagen da muestra de su completo desconocimiento por la realidad histórica del país que gobierna.

Es evidente que la nueva administración federal, busca con ansias resucitar esa visión nacionalista de la historia, que se impulsó durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas.

Aunque los tiempos son otros, en el mundo hemos visto crecer nuevos “protonacionalismos”, estos no buscan armonizar sino más bien polarizar a la población de los Estados-Nación. Ejemplos de ello, son los casos de Trump en los Estados Unidos y de Maduro en Venezuela.

Considero equivocada la estrategia de este gobierno, aunque coherente con su visión de país: exaltar figuras políticas por encima de las comunidades. López Obrador supone que por la fuerza de su caudillismo se puede cambiar el país, ignorando que necesita a las comunidades y pueblos de los distintos y contradictorios “Méxicos”.

En resumen, es evidente que Andrés Manuel no asume una postura crítica de la historia de nuestra nación, lamentablemente carece de tolerancia ante la diversidad de pensamiento y desafortunadamente no privilegia el diálogo con la sociedad que gobierna.

En verdad, es urgente que este gobierno rectifique sus acciones, en aras de construir un mejor país en el cual quepamos todos y todas. Hasta hoy el presidente solo puede interpretarnos de dos maneras: sometidos y registrados ante su Secretaría de Bienestar, o como unos simples “mezquinos, fifís, y neoliberales”, nunca como ciudadanos libres de opinión y de juicio.

Debemos recordarle, que para ser un servidor público es necesario un comportamiento recto, afable, honorable y propositivo. Le rogamos que asuma un comportamiento serio y que pueda reflexionar sobre las consecuencias de sus actos, antes de tomar decisiones que afecten de manera sensible al pueblo.

El presidente se debe a los mexicanos, a todos sin excepción. Al final, los protagonistas de la historia somos todas y todos, no solo Andrés Manuel.

 

Carlos Iván González Ibarra

Periodista e Historiador.

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