La alternancia israelí

Por Ethan Tejón Herrera.

Analista

Este pasado fin de semana, Israel decidió avanzar hacia una nueva transición política tras doce años bajo el mandato del ahora ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, quien gobernó de 1996 a 1999 y de 2009 a 2021.

Finalmente, los israelíes le dijeron adiós a un gobierno caracterizado por escándalos de corrupción y sobre todo por violaciones a los derechos humanos como consecuencia de varias incursiones militares sobre los territorios ocupados de Palestina: su nación vecina.

Mientras tanto el autodenominado “gobierno del cambio”; una coalición conformada por ocho distintos partidos políticos con variopintas ideologías que van desde la izquierda progresista, el nacionalismo árabe y las derechas nacionalistas y de corte extremista, se encamina a gobernar una nación desencantada con la clase política, las políticas sanitarias y con una gran polarización y parálisis política encima.

El nuevo premier israelí, el empresario tecnológico Naftali Bennett del partido Yamina; tomó posesión de su cargo en medio de fuertes abucheos, empujones e insultos lanzados desde la bancada opositora del entonces partido gobernante Likud y de los representantes de los demás partidos ultranacionalistas.

Bennett, se ha convertido en el décimo tercer primer ministro del Estado israelí (de 1948 a la fecha), en un hecho inédito al encabezar una coalición opositora en contra de uno de los titanes de la política israelí.

Sin embargo, del otro lado de sus fronteras, los palestinos no tienen mucho que celebrar, ya que el sucesor de Netanyahu continuará con la estrategia y la línea dura efectuada en contra de Irán y de los movimientos islamistas asentados en la Franja de Gaza y sus alrededores.

Cabe decir que una victoria de la oposición es un hecho significativo, pero será necesaria una mayor coordinación parlamentaria para tender puentes de reconciliación con sus vecinos árabes.

Un hecho inédito, es que ni siquiera la última gran escalada militar que aconteció sobre Gaza, tras un ataque armado con misiles del lado de la franja pudo salvar la decaída popularidad de Netanyahu, quien se encuentra acusado de corrupción.

Considero que la clave del éxito de Bennett, consta en el hecho de haber adoptado una posición mucho más moderada al contrario de la que solía sostener.

Sin embargo, el mérito fue compartido ya que su gran aliado el centrista Yair Lapid de Yesh Atid fue un importante artífice en la creación de la coalición, incluso aceptando quedar en segundo plano para hacer un traspaso de poder en 2023 y ser nombrado primer ministro.

Si bien es cierto, que la nueva transferencia del poder israelí no traerá paz o mucho menos estabilidad regional en Oriente Medio, al menos la salida de Netanyahu del poder podría contrarrestar su discurso nocivo, bélico y polarizante que sumergió a su nación en una cruzada bélica sin raciocinio alguno.

Por otra parte, no hay que descartar un posible regreso de Netanyahu o “Bibi” por cómo es conocido en su país, ya que su figura goza de gran fama internacional y su visión y discurso beligerante es compartido por miles de ciudadanos hebreos.

Una vez derrocado del poder, “Bibi” exclamó en un discurso que seguirá trabajando para sacar del poder al nuevo gobierno, afirmando “Regresaremos pronto”. Mientras tanto, Bennett y Lapid, no tienen el camino fácil para lograr mantener la hegemonía partidista en contra de la maquinaria política de Likud y sus aliados. Solo el tiempo lo dirá.

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