EFE – La falta de acceso a analgésicos opioides provoca que México no sea uno de los mejores lugares para morir. El país ocupa el lugar 43 de 80 evaluados en el último Índice de Calidad de Muerte elaborado por The Economist y financiado por la Fundación Lien.
Sin suficientes hospitales que ofrezcan servicios paliativos y la odisea que significa acceder a opiáceos, esenciales para el manejo del dolor crónico y la disnea (dificultad para respirar), miles de mexicanos terminan sus días en agonía.
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Éste es el primero de cuatro textos que da cuenta de las barreras con las que chocan pacientes con dolor crónico y sus cuidadores para recibir atención y tratamientos. La falta de acceso a fármacos opioides por el estigma que existe en torno a su uso o el miedo a que generen una sociedad de adictos, es una de esas trabas.
En 2017, un informe de la Comisión Lancet para el Acceso a los Cuidados Paliativos y Alivio del Dolor reveló que el sistema de salud mexicano apenas contaba con opiáceos para cubrir a 36 por ciento de los pacientes que los requerían.
“Dos años después, que es el último dato que tenemos disponible, la situación es peor, porque se solicita menos cantidad de morfina en términos generales y en su equivalente, y sólo alcanza para cubrir 21 por ciento de esos requerimientos”, señala Héctor Arreola, uno de los investigadores que participó en el informe de la prestigiosa revista médica.
La situación es aún más grave en niños con enfermedades terminales, al haber casi nula disponibilidad de medicamentos pediátricos. “(Los niños) no pueden salir del hospital y estar en casa porque no hay medicamento para el control del dolor en solución”, alerta Felicia Knaul, quien encabezó el trabajo de la Comisión Lancet.
La también doctora en Economía por la Universidad de Harvard agrega que la pandemia de Covid-19 vino a empeorar las cosas porque el ya escaso medicamento se emplea además para combatir la disnea en enfermos graves de coronavirus.
“México no es de los mejores en cuanto a la comparación del acceso a opiáceos para el control del dolor comparado con la necesidad de cuidados paliativos, y los datos que tenemos sugieren que está empeorando, que simplemente no tenemos suficiente medicamento en el país. Y además aumentó mucho la necesidad con el Covid”.
El Atlas de Cuidados Paliativos de Latinoamérica 2020 arroja que en cuanto a distribución de opioides nuestro país está por debajo de Brasil, Argentina, Colombia y Chile. El medicamento más distribuido es el fentanilo (164.4 kg en total), seguido por la morfina (47.8 kg), la oxicodona (28.7 kg) y la hidromorfona (0.2 kg). En tanto que la meperidina y la codeína fueron inexistentes.
Productos como el Tapentadol y la Buprenorfina ni siquiera tienen medición siendo que son utilizados por médicos e instituciones de salud.
