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Una oposición que no trabaja

porRedacción

Jun 7, 2022

El Juglar de la Red

Por Rafael Cano Franco.

Una oposición que no trabaja

Los procesos electorales del 2021 y los que se realizaron el pasado domingo 5 de junio de este año en seis entidades de México, dan cuenta de un partido Morena que parece un monstruo que devora elecciones, porque en ambos casos se llevó la tajada mayor, pero también desnuda a una oposición pasiva, que no trabaja y que se limita a hacer presencia solamente en los procesos electorales.

Que la oposición ganara en Aguascalientes y Durango, perdiendo Quintana Roo, Tamaulipas, Hidalgo y Oaxaca, debe ser considerado una debacle para los partidos opositores y no debieran estar festejando nada.

Cierto que las expectativas de Morena era ganar cinco de las seis gubernaturas; pero el saldo de cuatro no es nada malo y que los partidos opositores pudieran rescatar Durango, para nada representa un triunfo, más bien el retroceso no fue fatal, pero sí siguen yendo en declive.

Lo sucedido no es más que el reflejo de la falta de trabajo político, del abandono de las causas sociales y de la pereza que exhiben para salir a la calle y tomar banderas que sean importantes para los ciudadanos a los que luego van a pedirles el voto.

Los partidos políticos, sobre todo los de oposición que trabajan en alianza (PRI-PAN-PRD), adolecen de operatividad constante en las colonias populares, sus políticos son grandes críticos en redes sociales, pero de ahí no pasan.

Esa pasividad que se convierte en inacción, los aleja del electorado y le genera dudas a los electores cuando van a pedirles el voto.

Si a lo anterior le añadimos el desprestigio –ganado a pulso— el resultado son procesos electorales que marcan la casi desaparición de algunos de ellos en varias entidades.

Véase el caso del PRI en Quintana Roo, donde al no participar en una alianza con los otros partidos políticos prácticamente perdió su registro político al no alcanzar ni siquiera el 3 por ciento de los votos en la elección del pasado domingo.

Ahora, también hay que señalar otra realidad; así como Morena desmembró al PRD, paulatinamente ha ido desmembrando al PRI, no solamente en militancia, también sus figuras; no es poca cosa que el cuasi gobernador electo de Tamaulipas, Américo Villarreal, fue militante del PRI durante 35 años y en Oaxaca, Salomón Jara militó durante 30 años en las filas del PRI.

A los priístas, les resulta mucho más fácil aceptar a Morena que al PAN –así como a los panistas les resulta más cómodo emigrar a MC antes que a Morena o al PRI-, de ahí que la migración de los liderazgos del PRI, se den muy naturales hacia un partido que ven como la extensión de aquel en el que militaron toda su vida.

Pero el problema central sigue siendo la carencia de trabajo en tierra.

A los partidos políticos de oposición se les olvidó que los votos se ganan ensuciándose los zapatos, trabajando durante muchos meses, incluso años, antes de la elección; tratar de competir contra el gobierno federal y sus recursos, enfrentarse a un partido que sí va a la calle, que sí trata de estructurar grupos de votantes, sin importar que lo haga aprovechándose de los programas clientelares del gobierno, querer conquistar votos solamente con discursos y actos masivos, sin una auténtica oferta política que contrarreste la que ya perciben como benéfica, es como ir a la guerra sin balas.

A la oposición parece que se les olvidó, que para ganar campañas electorales se requiere voluntad y disposición; pero también la combinación de un buen trabajo en redes sociales que se asocia con una intensa actividad en las calles, colonias, pueblos y rancherías.

Se pueden tener muchos argumentos para criticar al gobierno federal, a Morena o a la 4T, pero de nada sirven si eso no se convierte en una actitud de enojo.

La oposición olvidó, que la gente participa en los procesos electorales cuando está enojada y lo que ahora se aprecia es que siguen enojados, pero con los partidos políticos tradicionales, y en el caso de Morena, todavía no les llega el coraje al grado de que lo rechacen, por el contrario quieren experimentar ese cambio y por eso le regalan el voto.

Y lo más grave es que a pesar de que conocen la fórmula para tratar de revertir sus resultados, no son capaces de refundarse y volver a los orígenes que les dieron votos. Mientras sigan así, las derrotas seguirán llegando y cada vez estarán más cerca de su desaparición.

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